Yo estaba aún en la universidad, cursaba uno de los últimos semestres, ella estaba aún en el bachillerato, era menor que yo por algunos años. Solo podíamos vernos los fines de semana, entre semana no coincidían nuestros horarios, yo estudiaba en las mañanas y ella en las tardes. Parecía como si durante la semana yo estuviera soltero, no recibía ni un mensaje de ella, ni una llamada. Yo intentaba ser un poco más detallista, un mensaje antes de dormir, uno al despertar deseandole buen día, y cosas como esas. Al principio siempre tenía una respuesta a lo que le enviara, pero si yo no le escribía, ella tampoco lo hacía. Podía pasar toda la semana y no recibir ni un solo “Te amo”. Pero después incluso eso dejó de hacer, le mandara lo que le mandara, le dedicara la canción más hermosa, no me respondía nada. Ponía siempre los mismos pretextos <<Me quedé sin saldo>>, <<Olvidé el teléfono en casa>>, <<No lo había escuchado, lo tengo en vibrador>>. Ya conocía yo sus excusas, no había necesidad ni de pedir razones. Pero en fin, yo seguía esperando como siempre que el fin de semana llegara pronto, ideaba diferentes cosas, dedicaba toda la semana para pensar qué le haría el siguiente fin para tenerla contenta, para verla sonreír. Hice de todo para ella, recuerdo que mis amigos me decían que nadie merecía tanto, que me esforzaba demasiado y que al final todo sería igual, terminaríamos y dejaríamos incluso de hablarnos. Yo no lo veía así, yo creía que había algo muy fuerte que nos mantendría unidos para siempre, algo tan fuerte que ni el mismo tiempo podría romper. Yo tenía la idea de que todo era parte de un gran plan. Recuerdo que yo siempre le hablaba del destino, le decía que gracias a él nos habíamos encontrado, ella siempre estaba de acuerdo conmigo, no sé si porque también lo creyera o solo por educación. Era tan raro cómo nos habíamos encontrado y cómo había terminado todo, ahora lo pienso y no sé cómo hablaba del destino. ¿Destino? el destino no existe, la gente se va cruzando en nuestras vidas por azar y se van por azar, no se puede preparar, las cosas son así. El destino es algo reservado para los jóvenes.
Fue tan extraño el día en que nos conocimos, se festejaba el cumpleaños del mejor amigo de mi primo, desde luego yo no conocía a nadie en la fiesta, él me convenció de ir debido a que estaría su exnovia y no quería estar solo ahí, además asegurándome salir de ahí antes de media noche. Estuvimos un rato juntos, como es de suponer llegaron algunos amigos de él y me dejó por más de dos horas, en algunos momentos aparecía solo para preguntarme la hora, como si en verdad fuéramos a salir antes de las doce. Llegó el momento que yo temía, la entrada de la ex, era evidente que se acercaría a él pues sus amigos eran los mismos. Me levanté de la silla y me puse a unos cuantos metros de ellos, mi primo ya estaba algo tomado, y me preocupaba que fuera a actuar de alguna manera inapropiada. Me paré a un lado de las botanas, y mientras echaba un ojo allá, comía de toda clase de chicharrones. De ponto una niña muy linda se paró a un lado de mí, me parecía que era la criatura más hermosa que había visto en mi vida. Tomó algunos bocadillos, los puso sobre un pequeño plato color amarillo, yo no dejaba de mirarla, me dejó sin palabras. Ella movió la mano hacia donde estaba yo, y me quité de inmediato, me volteó a ver y con una hermosa sonrisa me dio las gracias. Yo solo sacudí la cabeza, no pude decir nada, <<¿Sabes si estas de aquí están buenas?>> me dijo en voz muy suave, <<Sí, ya las he comido>>. El nervio era mí era notable, creo que ella lo percibió desde el primer momento.
-Soy Abril - Me dijo con una sonrisa, y extendió su mano.
-Soy Cristian – Le contesté en seguida, me limpié los dedos y le di la mano.
-Veo que no estás muy divertido, ¿De donde conoces a Jorge?
-No, en realidad no le conozco, vengo acompañando a alguien – Repuse.
-Ah lo siento, no sabía que venías acompañado, en todo caso me retiro – Respondió ella como sorprendida después de haberle dicho eso.
-No, por favor, vengo acompañando a mi primo. - Le contesté en seguida.
Estuvimos platicando por largo tiempo, ella reía y era muy amable, poco a poco comencé a entrar en confianza y a bromear con ella. La pasamos muy bien, conectamos al instante, era como si nos conociéramos de mucho tiempo atrás. Nuestra plática se hizo tan fluida y amena que el tiempo se me pasó rapidísimo. Nos sentamos en una silla cercana, aun así no dejaba de echar ojo a mi primo, y ahora menos, me podría dejar en ridículo frente a Abril. Hablamos de muchas cosas, coincidíamos casi en todo, era muy raro. Nos platicamos muchas de las cosas divertidas que nos han ocurrido, reíamos bastante. Sin darme cuenta eran más de las doce, yo no había tomado nada de alcohol, y la estaba pasando de maravilla. Llegó mi primo ya un poco tomado.
-Cuando quieras nos vamos – Me comentó fuertemente.
-No te preocupes, yo estoy muy bien. Tú diviértete, yo te espero.
-Es que ya me quiero ir, estoy algo mareado y mañana tengo que salir temprano – Repuso después de ver la hora.
Yo no quería dejar a Abril, pero tenía que hacerlo, no podría dejar ir solo a Miguel y menos conducir en ese estado, así que me despedí de ella.
-Te doy mi número y me llamas en la semana – Me dijo después de pensarlo unos segundos.
-Me parece muy bien – Respondí en seguida, no quería perder oportunidad. Anotó su número y su correo electrónico en una servilleta y me la entregó. - Muy bien, entonces yo te llamo en la semana.
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