Pasaron algunos días y yo dudaba aún llamarle, me daba miedo que no fuera a ser como ese día, mi primo me decía que le llamara, que no perdía nada <<En fin, no son nada, qué más da que lo intentes>>. Tenía razón, pero él no sabía todo lo que yo había sentido por esa chica, pasaba las noches pensando en ella, me imaginaba su cara, su cuerpo, su sonrisa. En muchas ocasiones me captaba sonriendo sin razones, simplemente con recordarla. No tenía ni una foto, ni nada que me ayudara a tenerla presente, sin embargo mi recuerdo era tan fresco que parecía que la veía a diario.
Pasó una semana, y yo aún no la llamaba, ya en todos mis cuadernos escolares estaba la palabra “Abril”, escuchaba cualquier canción y pensaba en ella, leía frases románticas y pensaba en ella. Era como si mis días ahora dependieran solo en ella. Extrañamente, en mis platicas siempre salía ella, y no sabía qué responder cuando me decían <<¿Y quién es ella?, hablas tanto de ella que ya me dieron ganas de conocerla>>. No podía decirles que es una chica a la que vi una sola vez y que desde ese momento cambió mi vida, quedaría como un imbécil. Solo les aseguraba que algún día se las presentaría, aunque no estaba seguro de eso, no estaba seguro si yo mismo la volvería a ver.
Una tarde me armé de valor, las palabras de Miguel pasaban por mi cabeza una y otra vez desde ese día, <<Tiene razón, si no le intereso al menos lo sabré y saldrá de mi mente, no tengo nada qué perder>>. La llamé por teléfono muerto de nervios.
-Si, diga - No tardo mucho en responder.
-Hola, habla Cristian, no sé si me recuerdes.
-¿Cristian? No lo siento, ¿De donde te conozco? - Estas palabras me cayeron como un golpe al corazón, creí que me había olvidado.
-Cristian, nos conocimos hace algunas semanas en la fiesta de Jorge, ¿No recuerdas?.
-Ah claro que sí, el chico guapo de jeans blancos y playera azul – Respondió de una manera muy natural. -¿Cómo estás?, ¿Porqué has tardado tanto en llamarme?.
No sabía qué decirle, no podía decir que por miedo o por pena. -He tenido algunos pendientes con la escuela, demasiados trabajos – Respondí tras pensarlo mucho.
-Me da gusto que me hables. Oye tengo que irme, está por iniciar mi clase.
-Está bien, nos hablamos después.
-Espero que no sea después de tres semanas más – Me dijo riendo.
Colgué el teléfono, sentí que muchas cosas cambiaban dentro de mí. En ese momento sentí que dejé de ser un chico cualquiera, y que me volvía en alguien con un propósito, no sé cómo explicar todo lo que ese momento significó en mi vida. Después de ese día Abril y yo comenzamos a tener mucha comunicación, hablamos durante horas. En ocasiones terminábamos de charlar con teléfono y seguíamos hablando por internet, era una situación bastante linda para ambos, nos conocimos perfectamente, o al menos eso parecía. A pesar de hablar tanto tiempo siempre teníamos algo qué contarnos, algo con qué divertirnos y reír. Esporádicamente nos veíamos los fines de semana, era complicado por las actividades de ella. Pasaron un poco más de tres meses antes de empezar nuestra relación formalmente, ya todos creían que eramos novios, pero la verdad es que a mí me daba miedo decirle que moría de ganas de besarla. Más de una ocasión intenté besarla, pero no podía, algo de mí no me dejaba, no sé si era el miedo a que me rechazara o que yo la respetaba demasiado. Un día, salimos a tomar un helado, hablábamos de muchas cosas y nos reíamos, de un momento a otro se puso muy seria, clavó su mirada en el suelo, cruzo sus dedos unos con otros. No sabía qué le pasaba, se lo pregunté preocupado.
-Es todo este tiempo que hemos estado juntos – Me respondió muy seria. - Sé que han sido solo algunos meses, pero... no sé cómo explicarte, has llegado a mi vida cuando más te necesitaba, es como si hubieras estado oculto detrás de mí y captar justo el momento de aparecer. Y de pronto aquí estás, pero he estado muy confundida, ha sido un largo tiempo y seguimos siendo amigos. Tal vez yo haya imaginado algo donde no lo había.
-Puede ser – Respondí sin pensar mucho.
-Creo que lo mejor es dejar de vernos, ha sido un tiempo maravilloso, pero ahora solo me estoy lastimando – Esas palabras fueron un caos en mí, no sabía qué pensar o qué decirle, me faltaba el valor de sincerarme y decirle cuanto la necesito.
-No creo soportar perderte
-¿Perderme? - Replicó sorprendida.
-Me he acostumbrado a ti, a estar contigo, a compartir momentos inolvidables a tu lado.
-Eso es, costumbre solamente – Repuso en voz baja.
-No es solo costumbre, es más que eso.
-¿Qué tanto?
-No lo sé, pero lo suficiente para saber que no podría dejar de verte, lo suficiente para saber que te necesito.
-También te necesito, pero siempre he creído que tú y yo iríamos a otro nivel, no solo como amigos.
-También lo he sentido.
Ella echó una risa tímida, movió su cabeza y cerró sus ojos. - No sé si yo soy muy tonta y no te he sabido demostrar lo que siento por ti, o tú eres demasiado bruto para no darte cuenta de lo que siento. - Yo permanecí en silencio, con los ojos clavados al suelo, con la impotencia de no tener el valor de hablar. - Creo que esto no te importa, pero era necesario decírtelo, ya no soporto más ser tu amiga, me gustas, me gustas desde que el día que te conocí, y esto ha crecido cada instante...
Mientas ella hablaba, yo me armaba de valor, pensaba que no podía dejarla ir, ella era mi razón de ser, mi motivo día a día. Sin decir nada tomé sus manos, la jalé hacia a mí y la besé, no me importó cómo reaccionaría. Ella se quedó en silencio, no habló más, yo le dije por fin todo lo que sentía, me llegaban unos deseos de llorar muy extraños, era una melancolía feliz. Podía ver en sus ojos como revivía esa pequeña ilusión que aún quedaba, le dije todo lo que tenía por decir.
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