Era cierto, se trataba de Berkai, el
unicornio. Hacían ya varios años que no escuchaba hablar de él.
Era una creatura extraña, pocas veces había sido vista, y se decía
que solo aparecía para dar mensajes de suma importancia, de los que
dependía el destino de ciudades o incluso el mundo. Yo nunca lo
había visto, pero una persona cercana a mí sí lo hizo, me aseguro
que por detrás de las colinas del oeste, durante la guerra contra
los faunos del bosque de cristal, se había encontrado con una
creatura muy bella, que no era algo ordinario. Él merodeaba por el
bosque cuando en una laguna percibió una luz bastante bella, se
acercó con cuidado esperando que no fuera una trampa de los faunos.
Al acercarse un poco percibió a un ser extraño, tenía un cuerpo
parecido al de un caballo, pero un poco más grande. Era de color
blanco y daba una luz maravillosa con el toque de la luna sobre su
cuerpo, su cola era muy parecida a la de un jabalí, y tenía sus
patas con pelo, casi podría decirse que como de un chivo. A pesar de
todo eso era sumamente bello y elegante, el viajante se quedó
mirándolo por unos instantes, hasta que la creatura se volvió hacia
él. Tenía un cuerno en la frente, justo en medio, y sus ojos eran
azules, intensamente azules. Al quedar frente a él lo miró
<<guerrero, es momento de terminar el combate. Los faunos no
son sus enemigos, detén a tu gente, y regresen a sus casas>>.
El viajero quedó asombrado, quiso hablar con él pero la creatura se
negó, aseguraba que su única misión era detener esa guerra absurda
que solo acabaría con muchas especies mágicas. El viajero quiso
preguntar de él.
-Soy un unicornio, guardián de la paz
– dijo la creatura.
-Pero los faunos nos han arruinado la
aldea, no podemos permitir que sigan causando daños.
-Los faunos hacen lo que creen que es
correcto, a los faunos no les agrada la violencia hacia los árboles,
y tu gente se ha dedicado a lastimarlos.
-Pero solo hacemos lo necesario con la
madera de los árboles y los faunos nos atacan sin razones –
respondió el viajante.
-Veo que no entiendes lo que te quiero
decir. – dijo el unicornio – Los faunos solo quieren que dejen de
utilizar tantos árboles, no quieren que destruyan el bosque, ellos
jamás lastimarán a un humano, ni a ninguna otra creatura,
entiéndelo.
-¿Y qué debemos hacer entonces? -
comentó el viajante asombrado.
-Llevate a tu gente en vuelta, si lo
haces te recompensaré, es una promesa.
-¿De qué manera? - añadió
interesado el viajero.
-No te lo diré, debo ver que hayas
actuado correctamente. - El unicornio comenzó su partida. -Haz lo
que te pido, y la próxima vez que nos veamos serás recompenzado.
-¿Cuál es tu nombre? - Gritó el
viajero desconfiado.
-Berkai, Berkai el unicornio –
respondió. En ese momento el unicornio corrió a una velocidad
impresionante, a una velocidad nunca vista.
El viajero hizo retroceder a su gente,
volvieron a la aldea y él corrió a mí, me platicó todo lo
sucedido en el bosque. Me habló del unicornio. Quedé muy
sorprendido por todo eso, él era una persona dura, de carácter
decidido, y me parecía muy extraño que hubiera cedido. Comencé mis
estudios sobre “Berkai” pero no lograba obtener mucho. Sin
embargo algún tiempo adelante volvió el rumor, y volvió además
con algo nuevo, se trataba del oro mágico. Yo creí que todo era
idea de la gente, y que en realidad no existía. Pero ahora todo era
tan diferente, esos hombrecitos buscando el oro, y ahora esta niña
buscando a Berkai. ¿Sería cierto? Y aunque lo fuera ¿Cómo
encontraríamos a Berkai? Yo jamás lo vi, y en los estudios que
realicé, nunca pude encontrar nada que me diera con él. Era una
situación complicada, no podía negar mi ayuda a esa niña, así que
le pedí que me llevara con su abuelo.
Al salir de casa me cubrí con varias
mantas para no ser reconocido, regularmente al verme la gente deseaba
que les ayudara con sus ideas vanas, así que opté por cubrirme y
acompañar a la niña. Al llegar a la aldea toda la gente saludaba a
la pequeña, parecía ser bastante popular, caminamos por un largo
rato hasta que por fin llegamos a una pequeña casa casi al final del
pueblo, ya no había mucha gente por esos lugares. Me hizo entrar a
la casa. Dentro de ella estaba un señor, no mayor de treinta y cinco
años.
-Es él padre, es el viejo sabio. -
Dijo la niña al señor.
-Encantado de conocerlo, pero ¿Qué
están haciendo aquí? Deberían estar en busca de ese unicornio.
-No es tan fácil. - añadí -Necesito
saber algunas cosas que solo el abuelo podrá decirme, y así poder
buscar a Berkai.
-Pero el abuelo no está en condiciones
de ser visto, no tolera la visita. Solo podemos verlo mi padre y yo –
Añadió la pequeña.
-Les ruego me permitan pasar, solo,
estoy seguro que no habrá dificultades – Les pedí a ambos.
-Está bien, pase, pero por favor no
hable acerca de los hombrecitos, ahora está muy sensible. - Me
advirtió el señor.
-No se preocupe. - Entre en la
habitación, al fondo de ella había un hombre sentado, de aspecto un
tanto triste, me acerqué con cuidado, y logré verlo, era
exactamente lo que esperaba. Extrañamente me sentí emocionado, no
por su estado, sino por ser lo que buscaba.
-¿Quién está ahí?- Dijo el anciano
en un tono agresivo.
-Te ruego no te asustes, soy yo el
viejo Radolf – respondí cuidadosamente.
-¿Radolf? Pero ¿Qué haces tú aquí?
Hacía años no sabía de ti.
-Así es, después de tanto tiempo nos
volvemos a ver. He venido porque tu nieta me lo ha pedido.
-¿Mi nieta? ¿Para qué lo ha hecho? -
Me dijo asombrado.
-Fue a buscarme para encontrar a
Berkai, el unicornio. Pero yo no puedo llegar a él, tú eres el
único que ha podido estar con él, y estoy seguro tú puedes
decirme cómo encontrarlo.
-No exactamente, eso fue hace muchos
años, antes de... - se guardó unos segundos en silencio – bueno,
ya sabes. Desde entonces no lo he vuelto a ver.
-¿Entonces cómo pediste a tu nieta
que lo buscara? - Pregunté intrigado.
-Es una niña, al entrar al bosque de
cristal se encontraría con muchas dificultades, y el unicornio
aparecería para defenderla, estoy seguro que sabrá que es mi nieta.
- respondió.
-¿Y si no apareciera? Solo pondrías
en peligro a la niña.
-Supongo que eso creyó mi hijo y por
eso la envió contigo, es el único que conoce la historia además de
ti.
-Te ruego que me digas todo lo que
sabes de el unicornio.
Hablamos durante mucho tiempo, pero él
evadía mis preguntas. No sé con qué razón lo hacía, por algún motivo no quería que yo llegara a Berkai. Pasaron algunas horas y él
seguía dando vueltas, hasta que por fin me dijo cómo buscar.
-El unicornio es un guardián, no es
nada fácil poderlo ver, y mucho menos si vas con la intención de
buscarlo. Esto ya deberías saberlo, después de todo eres el viejo
sabio, un viejo por el que la edad no pasa ¿No es así?- Bromeó -. Deben
entrar al bosque de cristal, con mucho cuidado. Recuerden que los
gnomos y los faunos custodian ese bosque. Cuando hayan avanzado
algunos kilómetros encontrarán una laguna, es ese lugar en donde más
brilla la Luna en todo el mundo, y es el lugar preferido de Berkai,
seguro lo encontrarán ahí, tengan cuidado, si bien es cierto que es
una creatura pacífica, pero al sentirse en peligro no sé cómo
pueda reaccionar, todas las creaturas de ese bosque lo protegen.
-No te preocupes, llegaremos a Berkai y
te prometo que recuperarás lo que te han robado. - Comenté en voz
baja.
-Sé que lo harán, Berkai es el único
que puede ayudarme. Cuiden que los canijos no los sigan, y cuida de
mi nieta.
-Así lo haré – respondí con
decisión. La pequeña y yo iniciamos el camino rumbo al bosque de
cristal, su padre se quedó en cuidado del anciano. Durante el
trayecto en salida a la aldea la pequeña me preguntó en repetidas
ocasiones qué era lo que había platicado con su abuelo, pero no le
respondí nada, solo que debíamos encontrar a Berkai, no teníamos
otro sentido.
amigo amo como escribes :)
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