Caminamos
por varias horas, el trayecto era complicado y cansado, la noche era
cada vez más oscura y fría. Observé en repetidas ocasiones que la
pequeña no podía seguir <<Estoy bien, sigamos adelante>>.
Me repetía en cada momento en que yo proponía tomar un descanso,
era evidente que el cansancio le estaba siendo insoportable. Sus
pequeñas piernas caminaban de una manera muy pesada, tropezaba a
cada rato, e incluso la podía ver suspirar y cerrar sus ojos. Era
más que necesario tomar un receso, también yo estaba agotado, así
que sin más me detuve cerca de un pequeño río <<Tenemos que
descansar, yo no puedo dar un paso más>> Estaba seguro que si
no utilizaba este método ella seguiría avanzando aún contra su
voluntad.
-Aún
nos falta mucho, ¿Crees que sea lo correcto? - Pregunto la pequeña.
-Por
supuesto, - Afirmé - recuerda que lo importante no es llegar rápido,
sino llegar con bien. De nada nos serviría llegar cansados al
unicornio, no entenderíamos nada de lo que diga. Además yo ya estoy
grande, y necesito descansar, espero no te sea un problema.
La
pequeña negó con su cabeza, lanzó un suspiro hondo y se sentó a
unos metros de mí, yo creí que en su situación el sueño la
vencería en seguida, pero no fue así, se recargó sobre una piedra
y fijó su mirada en el cielo sin decir nada. El frío era bastante
fuerte, al menos para mí, así que me decidí por encender una
fogata. Sin alejarme demasiado de ella, fui a buscar troncos secos
para poder prenderla, cuando regresé, ella seguía exactamente en la
misma posición, creí que el sueño le había ganado aún con los
ojos abiertos.
-Hay
muchas cosas que no entiendo. - Me dijo volteando su mirada hacia a
mí – Todo es muy extraño ¿No lo crees?.
-De
pendende a lo que te refieras – comenté mientas continuaba con la
labor de la fogata.
-¿Porqué
no me hablas de ti? No te conozco nada de nada. - añadió ella –
Dime ¿Porqué te dicen “Viejo sabio” si eres tan joven? ¿Porqué
te dicen “sabio”? ¿Porqué vives tan alejado de la aldea?
¿Porqué estás solo?.
-Vaya,
creo que sí tienes varias dudas, pero no creí que todas fueran
acerca de mí – repuse mientras me sentaba cerca de ella. Sus
preguntas me parecieron extrañas para una niña de su edad, y además
alguna de esas me había llegado al fondo de mí. -Creo que no
querras saber todo eso, es mejor que descansemos para mañana
continuar el viaje ¿Te parece? - Ella negó con la cabeza, y me
pidió que le contara lo que me pedía, así que tuve que armarme de
valor y responder con sinceridad a sus preguntas. Nada de eso lo
había compartido antes a nadie, sería la primera, y si íba a
compartir todo ese tiempo con ella, sería bueno poder contarle todo.
-Pues
bien, te contaré entonces – Ella me miró con antención y recargó
su cara sobre sus manos. -Hace muchos años conocí a un hombre,
eramos grandes amigos, se podría decir que los mejores. Compartíamos
casi la mayor parte del tiempo juntos, como es natural, ambos
teníamos pareja, pero no permitíamos que esto interfiriera en
nuestra amistad. Tú sabes que es complicado seprar ambas cosas, o
bueno, tal vez más adelante lo sepas. En fin, nunca tuvimos
problemas en ese aspecto afortunadamente. Dentro de la aldea habían
hecho una hermosa figura a manera de altar, costó mucho sacrificio
realizarlo, fueron muchos días de trabajo. Era una figura realmente
extraordinaria hecha completamente de madera, no había un aldeano que
no la admirara y respetara. Pero un día, los faunos entraron a la
aldea. Comenzaron a romper todo, y a destrozar todo lo que estaba a su
paso. Se dirigieron hasta la escultura hecha en madera, los aldeanos
preocupados los corrieron de la aldea con antorchas y cuchillos
filosos, de momento se fueron, pero un día al amanecer la figura
había desaparecido, solo restaban pedazos de ella tirados por el
suelo. Mi compañero que había puesto especial empeño en ella, se
enfureció y comenzó a mover a las personas para atrapar a los
faunos, como es de comprender muchos los apoyaron y seleccionaron a
los hombres más fuertes, yo no quise participar, algo dentro de mí
me lo pedía. Él no entendió mis pretextos, porque eso eran, pero
los respetó y salió con sus hombres.
>>En
la aldea todos me miraban como “el traidor”, otros como “el
cobarde” excepto mi novia, Cori, ella permanecía conmigo todo el
tiempo, en ocasiones también la novia de mi amigo me visitaba, y
para decir verdad eran momentos muy agradables, aún así no había
día en que no hablaramos de lo sucedido. Los guerreros tardaron tres
semanas aproximadamente en volver, al llegar, mi amigo no tardó en
buscarme, y contarme lo sucedido. A mí me pareció una historia
fantástica, no podía creer eso del uniciornio y otras cosas de las
que me hablaba, aún así me puse a investigar. Él volvió solo al
bosque de cristal, en esa ocasión me pidió que lo acompañara, pero
jamás pudimos llegar, él siguió el camino que había cruzado con
sus hombres, pero jamás llegamos. Fue muy extraño, así que le
propuse que avanzara solo, y lo esperé en ese lugar. Después de dos
días él regresó con un aspecto impresionante. Me habló de las
cosas maravillosas que había visto, pero yo no le podía creer, me
aseguró haber encontrado a Berkai y además haber encontrado el oro
mágico, me explicó completamente lo que era, y que solo él tenía
acceso. Como puedes imaginar, no le creí, así que me decidí por
solo escucharlo, él notó en mí mis gestos de incredulidad así que
se decidió en mostrarme su “secreto” el oro mágico que había
logrado obtener. <<Toma, esto es para ti, tú sabrás qué
hacer con él>> me dijo, pero yo no pude ver nada, aseguraba
haberlo puesto en mis manos, yo creí que estaba enloqueciendo y
decidí seguirle la corriente.
>>Al
volver a la aldea todo fue diferente, no sé si fue a base de “eso”
que puso en mis manos, pero al pasar por entre la gente sentía sus
dolores y sus preocupaciones, en seguida se lo dije a él y me
aseguró que yo era el único que podría soportarlo. Aunque creo que
se equivocó, fueron situaciones muy difíciles, no podía salir a
caminar sin sentir el dolor de las personas, en ocasiones también
percibía su alegría, pero la tristeza de otros la absorbía. No
podía estar tampoco con Coti, comencé a darme cuenta de cosas que
yo no creía. Yo sabía que la amaba, y que quería compartir el
resto de mi vida con ella, pero no fue así – tomé un suspiro
fuerte, los recuerdos llegaban a mí como si estuviera volviendo a
vivirlos. - Las cosas no siguieron del todo bien, no podía evitar
sentir lo que ella sentía, si ella decía “Sí”, pero su corazón
decía “No” yo lo sabía. Nadie en la aldea sabía lo que yo
estaba pasando, ni siquiera ella, y cuando lo supo pude sentir su
angustia y desesperación. Ella me aseguró que todo estaba bien,
pero yo sabía que no, y se lo hice saber. No sabía yo manejar ese
don que el “oro mágico” me había otorgado, así que decidimos
alejarnos, sentí el dolor que le causé, y este se juntó a mi
propio dolor. No podía seguir entre la gente, tuve que salir de ahí,
tuve que irme lejos, lejos incluso de mí. - La niña me miraba
asombrada, no decía nada, solo me miraba. - Después todos supieron
del “don” y comenzaron a llamarme sabio, erróneamente creo yo,
más bien sería “el viejo empático”. O como tu abuelo ha dicho
“el joven empático”.
-¿Hace
cuanto pasó todo eso? - Preguntó interesada - ¿Porqué aún eres
tan joven? ¿Porqué mi abuelo sí ha envejecido?
Me
sorprendí con esas palabras, ¿Cómo sabía ella que el de la
historia era su abuelo?, tal vez no era momento de preguntar, y me
limité a responder su pregunta.
-No
lo sé, conservo la misma edad desde el día en que volvimos a la
aldea – le expliqué.
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