En ese momento sentí como se arrancaba de mi corazón su recuerdo. Mis lagrimas salían sin detenerse, era como si con ellas lograra cerrar un capítulo que mi cuerpo había querido mantener presente durante tanto tiempo. Había escuchado esa canción cientos de veces antes, y siempre provocaba en mí una reacción melancólica, pero fue tan diferente escucharla en ese concierto, desde el inicio de la melodía sentí un terrible nudo en el pecho, sentía que el aire me faltaba, incluso me quedé estático por unos momentos. Imágenes de ella pasaban por mi mente una y otra vez, como si los estuviera viendo desde alguna proyección. Durante la canción no recuerdo con exactitud nada, sentía como si fuera un momento solo dedicado para mí. Había ruido, claro, mucha gente cantando a todo volumen, sin embargo yo no les escuchaba, era un silencio donde solo existía yo y mis recuerdos.
Era el concierto de Jaime Kohen, una noche de Octubre. Ella y yo compartíamos el gusto por este cantante, evidentemente estuvo presente también. Recuerdo haberla visto pasar a unos cuantos metros de mí, yo la miré de lejos y como siempre, mi cuerpo se estremeció, no sé por qué aún del daño que ya me había hecho yo seguía sintiendo algo tan fuerte, llegué a creer que yo era demasiado débil. Saqué un suspiro que creo que nadie más observó, yo sabía que ya todo había terminado, incluso estaba seguro que ya no quería volver al pasado, pero era inevitable extrañarla. Ella iba vestida impecable, como una reina. Caminaba con esa seguridad que la caracterizaba, cabello suelto, zapatos altos. Parecía una muñequita. No quise ver más, supuse que iría acompañada y no quería ver por quién.
Ella era muy especial, tenía una sonrisa que con solo mostrarla, hasta el más enorme y frío iceberg se derretiría. Sus ojos eran grandes y bien formados. Su mirada era mística, tibia, suave. Cada que la miraba a los ojos, me sentía protegido, como si algo en ellos cubriera mi cuerpo con una especie de sábana protectora. De estatura... no era muy alta, pero tenía una estatura promedio. Era delgada y de piel clara. Hermosa completamente, o al menos para mí lo era. Claro como todos ella también tenía un pequeño defecto: su madre. Una de esas clásicas señoras que quieren vivir el mismo tiempo que sus hijas. No era una mujer fea, por el contrario, era muy guapa, pero parecía que llevaba una competencia con sus hijas. Vestía como ellas, las acompañaba a todos lados, incluso los amigos de sus hijos tenían que ser amigos de ella también, lo que evidentemente nos trajo algunos problemas. Cuando yo llamaba al teléfono de su casa quien respondía era la señora, no me desagradaría si fuera como todas las demás madres, que te responden, les dices que eres el novio de su hija y te dicen que no está. Hubiera preferido eso a estar hablando con ella durante más de treinta minutos. Puedo imaginar la cara de Abril sentada en el sofá esperando a que su madre dejara de platicar para tomar ella el teléfono, incluso llegué a pensar que mientras su madre hablaba conmigo, Abril tendría el tiempo de leer un poco, o hacer otras cosas. A mí me molestaba bastante esa situación, por eso intentaba llamar lo menos posible a su casa, era bastante incómodo que después de hablar más de media hora con su madre, me dijera <<Bueno pues me imagino que quieres hablar con Abril, ¿verdad? Aquí está a mi lado, tan fea como siempre>>. Parecía que lo tenía ya en repetidora, siempre me decía lo mismo antes de ponerla al teléfono. Ya cuando por fin lograba hablar con ella, mis orejas estaban cansadas, pero no me importaba, en fin, después de ese tiempo podría hablar con Abril. Nunca podíamos hablar más de 20 minutos, siempre tenía algo que hacer su madre y ella debía acompañarla o ayudarla. En ocasiones yo insinuaba tanto a la señora que no quería hablar con ella, que yo creía que no nos dejaba hablar por desquite, así que después fui gentil y dejé que hablara lo que quisiera, pero tenía el mismo resultado.
amigo felicidades! soy mar :)
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