viernes, 8 de junio de 2012

El secreto de Berkai (Parte 5)


Después de la larga charla a la pequeña la venció el sueño, el frío era cada vez más fuerte, y ella se había mantenido un tanto lejos del fuego, las razones no las sé, así que me quité la manta con la que me cubría para no ser reconocido y la puse sobre ella. La miré por unos instantes dormir, en su carita podía sentir su preocupación. <<Pobre niña, no hay nada que le importe más que su abuelo, es admirable>>. Me senté a un lado del fuego, lancé un hondo suspiro y pensé en todo aquello que le había platicado a la pequeña, parecía tan fácil de explicar, y muy fácil de superar, pero la razón no era esa.
El sueño por fin me venció después de unos minutos, estaba tan cansado que no me di cuenta el momento en que el fuego se terminó. Al despertar yo estaba casi congelado, serían las cinco de la mañana tal vez. Fui a ver a la pequeña, seguía completamente dormida, el frío la tenía completamente encogida. Me senté a su lado y acaricié su cabello, muchos pensamientos me pasaban por la mente, era como si al estar con ella estuviera con su abuelo. Me sentía extrañamente tranquilo, aunque sumamente comprometido con ella y su abuelo.
Pasaron largos minutos hasta que ella despertó. <<Me siento hambrienta>> me dijo la pequeña. Fuimos a buscar algo de comer al río tras recoger todo en donde nos habíamos quedado. Comimos algunos pescados con un poco de fruta que encontramos cerca, al parecer ella ya tenía hambre, comió casi lo mismo que yo, considerando que es solo una niña comía bastante. Al terminar, continuamos el camino, ella iba bastante alegre, yo podía sentirlo, y además lo demostraba, no paró de hablar en todo lo que restó del camino, me hacía preguntas de cualquier cosa. Me comentaba hechos que su abuelo le contaba al ver alguna roca, o algún árbol. Todo le generaba un tema de conversación. Al decir verdad yo prefería a esa niña que no paraba de hablar que a la niña que solo se concretaba a su fin.
Ya no caminamos por mucho rato y descubrimos las viejas ruinas, me pareció muy extraño, estaba yo seguro que aún hacía falta mucho camino por delante, pero ya estábamos ahí. Entramos con mucho cuidado, algo me decía que podríamos tener dificultades, pero no fue así, logramos atravesar fácilmente las ruinas, no se veía ni una sola alma en ningún lugar, me sentía más solo que cerca de aquel río. La niña apresuró el paso. <<Estamos cerca, vamos>> gritó. No tardamos demasiado en llegar a la entrada a la que el elfo se refirió, era una entrada grande, evidentemente la entrada era del bosque al pueblo, nos detuvimos a fuera, pero no lográbamos ver a esa criatura que nos había dicho.
De pronto entre los árboles salió algo extraño, la niña saltó detrás de mí, también yo me espanté, solo vimos el movimiento, yo temía que fueran los gnomos asustados por nuestra visita, pero no era el caso, en efecto era la driada.
-Radolf, ¿hace cuanto has llegado? – Dijo la Driada –Me he quedado dormida.
-¿Eres tú quien me esperaba? – No lograba ver quién me hablaba, era extraño solo escuchar la voz, y en algún momento algún movimiento, pero no sabía de dónde provenía.
-Así es, Berkai los espera esta noche, deben darse prisa.
-Pero ¿dónde estás? ¿Quién eres? ¿Porqué no puedo verte? – grité a la nada.
-Lo siento mucho, soy una maleducada. – Salió de pronto de entre los árboles.
-Pero si es un árbol – Dijo sorprendida la niña, así era, un árbol con movimientos, y capaz de hablar, qué extraño ser.
-Así es, soy un lindo arbolito – Respondió simpática. –Esto me ayuda a estar a salvo de los cazadores.
-Y ¿Cómo es que nos llevarás hasta Berkai? – repuse intrigado – Nosotros sí somos visibles.
-Ay no te preocupes, las criaturas del bosque me conocen bien, no les harán daño.
Quisimos confiar en ella, aunque no fue lo más sano, en el camino muchos seres extraños nos seguían, ella aseguraba que era solo curiosidad por saber quiénes éramos, pero yo sentía coraje de algunos de ellos. Me mantuve tranquilo, avancé al ritmo de la driada, no nos separamos ni un instante. Ella avanzaba muy alegre, incluso iba tarareando una canción, parecía que el miedo no era algo que le preocupara. De pronto se detuvo. <<Escóndanse detrás de mí, y no digan nada>> dijo muy seria.
-¿Quiénes son ellos? - dijo una voz fuerte.
-¿Ellos? ¿Quiénes?
-A los que escondes detrás de ti – respondió con coraje, hazlos que salgan, no pueden estar aquí, lo sabes bien.
-Ay pero ¿cómo han llegado aquí?, es curioso – repuso la driada nerviosa, muchos faunos comenzaron a rodearnos, parecían molestos. –No es lo que tú crees, es solo que…
-Lárgate, tú los has traído hasta aquí, estás expulsada del bosque.
-Pero tienen que llegar al lago, es urgente – se excusó, - por favor, no les hagan daño.
-Entrégalos y vete, no eres más bienvenida. –Dijo esa voz – La driada bajó sus ramas y se volvió hacia nosotros, nos pidió que no nos preocupáramos, que ella daría su vida si era necesario. –¿Qué les hablas?.
-Les doy indicaciones para llegar a Berkai. – repuso molesta.
-¿Berkai? – La voz parecía sorprendida. – ¿Son ellos?, pero ¿Porqué vienen contigo?, ¿Y los enanos?
-No lo sé, el elfo no me explicó.
-Les ruego me disculpen – Se presentó de entre los árboles, era un fauno gigantesco, mucho más grande que el resto. –Les pido que sigan su camino, me siento muy apenado.
¿Qué era lo que pasaba en ese lugar? ¿Por qué nos esperaban?, no lo sé. Todos los faunos comenzaron a desaparecer, excepto el más grande. <<Ahora yo los guiaré, gracias por todo>> le dijo a la dirada, ella sonrió y emprendió su partida.
-No tardaremos en llegar a Berkai, se los prometo – Dijo el fauno, nos tomó en sus enormes brazos y avanzó rápidamente.

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