viernes, 29 de junio de 2012

Me juzgan correctamente.



Tal vez soy fría, o soy caliente. Todos me dicen ambas cosas, ya no sé qué creerles, si estamos apenas “conociéndonos”, conociéndonos, me refiero a estar en la cama ¿Sí me explico?, bueno, en ese proceso, siempre me repiten que soy muy caliente, que no pueden pedir nada más de mí, pero después, cuando les hago entender que solo placer de una vez, me dicen que no entienden por qué soy tan fría. Tal vez ellos no se explican, cómo una mujer puede tener el poder de enamorar a un hombre con su cuerpo, no es difícil. Muchas mujeres sabemos hacerlo, pero yo he decidido explotar ese don que la Dios me dio, bueno, no sé si Dios, tal vez a él no le guste que yo sea tan puta, o tal vez sí.

Tengo que reconocer que disfruto mucho mi manera de vida, me critican, me juzgan, se burlan incluso, pero toda esa gente no tiene ni la mitad de lo que yo. No quiero decir que todo lo haya  ganado a base de acostones, aunque la mayoría sí. Yo no tengo la culpa de que los hombres den lo que sea por un cuerpo como el mía. Hace unos días una pobre anciana con el cuerpo que parecía una linda pasita blanca me empezó a sermonear, yo, por educación la escuché, y fingí interés. Nunca me dijo “Eres una pecadora y te irás al infierno” más bien utilizaba otra táctica, me decía “Hay mujeres malas, que por sus actos no se ganan el cielo”, yo sabía que todo lo que me decía era una indirecta para mí, pero yo le seguía el cuento “Es que no saben a lo que vienen a este mundo ¡caray!” le decía. Disfrutaba bastante su cara de sorprendida cuando le decía estas palabras. Y es que, la verdad, no sé si ganaré el cielo, pero por ahora siento como si lo viviera. He estado con hombres increíbles, que me hacen temblar al tenerlos entre las piernas, pero como toda una profesional no me enamoro de ninguno, de pendeja vuelvo a hacerlo.

Confieso haberlo hecho antes, pero fue hace casi seis años, ahora, ya solo obtengo de los hombres lo que quiero. Hay algunos que son de una ocasión, y otros que me gusta usar, y cada que necesito algo, ahí están, pero también hay unos que son con quienes me consuelo cuando me siento usada, y los uso yo a ellos. A los hombres les gusta el sexo, por naturaleza, no hay uno que no lo disfrute, o que no lo desee. Solo es cuestión de rozarlo con suavidad, y su cuerpo reacciona al instante. Eso sí, como una mujer con dignidad jamás utilizo mis labios para actos sexuales, a saber qué porquerías han hecho con sus miembros, además el olor me desagrada, y hay unos tan asquerosos que no les importa que estés al borde del vómito. Pero en cambio, yo he sido besada por todas los lugares que se pueden imaginar, claro que quienes lo hacen, no saben que me meto con cualquier hombre que me ofrezca algo a cambio, siempre los hago creer que soy decente, aunque en el barrio se me conozca por cascos sueltos, bueno eso dicen las mujeres decentes, yo me auto digo puta, me vendo por obtener algo a cambio. ¿Se me puede juzgar? Todos vendemos algo para sobrevivir, y regularmente es el mejor talento que tenemos, y mi mejor talento es el sexo. Es todo.

viernes, 22 de junio de 2012

Sueños en silencio.



Quisiera que el viento borrara las huellas del pasado, que se llevara con él todas esas miradas que me lastiman, y que no lo saben. Quisiera que el mundo pudiera ver no solo lo superficial, sino también lo que guardo dentro de mí, todo lo que tengo por ofrecer, todo el amor que estoy dispuesto a dar. En ocasiones, siento que todo me da vueltas, creo que todo cuando aparece en mí no son más que fantasmas que vuelven siempre con diferente rostro, a pedir siempre lo mismo. Soy un hombre, un hombre con deseos de enamorarse y de compartir con alguien momentos maravillosos e inolvidables. Hay noches en los que cierro mis ojos, y suspiro profundamente, pensando el porqué no soy como los demás, porqué no puedo buscar lo que todos buscan. <<Soy una persona especial tal vez>> me repito todo el tiempo.

Tengo la ilusión de que un día llegará ese ser especial, que esté dispuesto a compartir lo mismo que yo, que quiera vivir al mismo ritmo que yo, y no acelerar el camino. No busco sexo, aunque como cualquier hombre, lo disfruto, pero hay cosas más importantes para mí. Quiero un compañero que esté a mi lado cuando me sienta en soledad, un compañero que sea mi guía cuando me sienta perdido, alguien que sea capaz de con una sola palabra cambiar mi rumbo.

Yo no elegí ser homosexual, es algo que la vida tenía ya reservado para mí, las razones no las conozco, y no quiero conocerlas. Yo decidí aceptar mi cuerpo, y aceptar mis preferencias, a pesar de las críticas que me podría traer. Me di cuenta que era mejor soltar y dejar ser lo que tenía dentro a fingir algo que no siento. Pero es muy difícil encontrar un hombre que no vea a los demás como simples objetos sexuales. << ¡Yo no soy uno de esos! >> deseo gritarles en la cara cada que me buscan solo para eso. Entiendo que los hombres somos más temperamentales y es difícil encontrar a alguien que no piense con su entrepierna, sino con su corazón.

A lo largo de mi vida he conocido grandes seres humanos, y entre ellos, hay quienes hacen mi corazón latir, o tal vez ya no, pero en pasado era así, y no entiendo ¿Porqué en ellos no causaba lo que causo con los demás? Hay veces en las que siento solo ser yo quien lo arriesga todo, solo soy yo quien decide entregarse, y al final, me dejan solo ¿Será que no les intereso? O tal vez, vieron que yo iba más allá de lo que ellos esperaban. No lo sé, solo soy un hombre con deseos de enamorarse, con la ilusión de la próxima cita, de la próxima película, de una nueva historia.

Mi nombre es un secreto, aunque sabido por mí. Espero que el destino me esté preparando a alguien que cambie mi vida, que cree en mí una nueva ilusión y que me permita entregar  todo lo que mi cuerpo ha guardado desde la última vez que fue lastimado. No quiero cambiar nada de mí, estoy contento por lo que tengo y lo que soy, pero si la vida me trae a un ángel que cambie mi mundo, estoy dispuesto a arriesgarme.

viernes, 15 de junio de 2012

Un simple relato


En esta ocasión me remitiré un poco al estilo de Daniela Novillan, con la intención de abrirme a mis lectores, y compartirles unos breves fragmentos o como ella los llama momentos que ahora mismo hay dentro de mí.

Como cada noche, la tranquilidad me acompaña, pero con ella me trae recuerdos que pueden ser positivos o negativos según el momento que esté enfrentando. Ahora estos recuerdos me hacen extrañar muchas cosas que he dejado en el pasado, o que, no es así, sino una simple distancia, que crea dolor en mí, provocando una melancolía voluntaria. Digo voluntaria porque soy yo quien decide qué pensar o qué ver.
Es difícil cerrar cada ciclo en nuestras vidas, como recordarán en Destinos de Hielo les compartí una historia en la que un ciclo se cierra, de cuyo pasado aún me persigue. A mi parecer es imposible pretender que alguien entienda algo que queremos demostrar, cuando esa persona está herida y no cree en los demás, y creo que lo más factible es dar tiempo. Muchas veces nuestro egoísmo no nos permite reconocer lo que al otro le está pasando, y al final, solo buscamos nuestro beneficio, de cualquier lado del cristal, es así.
Ahora me encuentro cerrando ciclos muy importantes en mi vida, estoy a punto de terminar la escuela, intento sanar de una relación que destruyó muchas partes de mí, y que solo el tiempo puede terminar de sanar. Cierro también un ciclo de cinco años con grandes amigos, en donde viví hermosas experiencias que no cambiaría por nada, ni por nadie. Y además intento cambiar mi camino. Este cambio me ha traído momentos que no olvidaré y que me gustaría compartir, sin embargo, no es el momento. Pero también esto me ha traído problemas, no con una sola persona, sino con muchas, intento que sea irrelevante, pero es imposible cuando sientes perder a alguien importante en tu vida.

En fin, no quiero hacer esto largo, ni tedioso. Solo intento externar esto que tengo dentro, y que por egoísmo no puedo soltar. Debemos entender que una relación, amistad, familiaridad, etc. no se basa en los deseos de cada uno, sino en la comprensión, y no me refiero al simple hecho de decir “Te entiendo”, sino en verdad demostrar que te pones en los zapatos de la otra persona, y que sabes lo que puede estar pasando, recordar que con historias que cuentas para “consolar” lo único que logras es perder la confianza de quien espera de ti algo. No seamos egoístas, no sigamos hablando de nosotros al dar un consejo, intentemos ser ellos, entenderlos, y apoyarlos. Esa es la base de cualquier relación, la verdadera comprensión que son pocas las personas que logran hacerlo. Tal vez se requiera un grado de madurez muy superior, pero al intentar no perdemos nada.

Cada ciclo que se cierra es positivo, yo creo que al cerrar uno, un abanico de posibilidades se abre con él, y nosotros debemos de estar pendientes a ver todas y cada una de ellas, y no permitir que un dedo cubra nuestro Sol y nos llene de momentos nublados. Todo cambio es bueno, toda decisión es correcta, todo cambio de vida es correcto.

viernes, 8 de junio de 2012

El secreto de Berkai (Parte 5)


Después de la larga charla a la pequeña la venció el sueño, el frío era cada vez más fuerte, y ella se había mantenido un tanto lejos del fuego, las razones no las sé, así que me quité la manta con la que me cubría para no ser reconocido y la puse sobre ella. La miré por unos instantes dormir, en su carita podía sentir su preocupación. <<Pobre niña, no hay nada que le importe más que su abuelo, es admirable>>. Me senté a un lado del fuego, lancé un hondo suspiro y pensé en todo aquello que le había platicado a la pequeña, parecía tan fácil de explicar, y muy fácil de superar, pero la razón no era esa.
El sueño por fin me venció después de unos minutos, estaba tan cansado que no me di cuenta el momento en que el fuego se terminó. Al despertar yo estaba casi congelado, serían las cinco de la mañana tal vez. Fui a ver a la pequeña, seguía completamente dormida, el frío la tenía completamente encogida. Me senté a su lado y acaricié su cabello, muchos pensamientos me pasaban por la mente, era como si al estar con ella estuviera con su abuelo. Me sentía extrañamente tranquilo, aunque sumamente comprometido con ella y su abuelo.
Pasaron largos minutos hasta que ella despertó. <<Me siento hambrienta>> me dijo la pequeña. Fuimos a buscar algo de comer al río tras recoger todo en donde nos habíamos quedado. Comimos algunos pescados con un poco de fruta que encontramos cerca, al parecer ella ya tenía hambre, comió casi lo mismo que yo, considerando que es solo una niña comía bastante. Al terminar, continuamos el camino, ella iba bastante alegre, yo podía sentirlo, y además lo demostraba, no paró de hablar en todo lo que restó del camino, me hacía preguntas de cualquier cosa. Me comentaba hechos que su abuelo le contaba al ver alguna roca, o algún árbol. Todo le generaba un tema de conversación. Al decir verdad yo prefería a esa niña que no paraba de hablar que a la niña que solo se concretaba a su fin.
Ya no caminamos por mucho rato y descubrimos las viejas ruinas, me pareció muy extraño, estaba yo seguro que aún hacía falta mucho camino por delante, pero ya estábamos ahí. Entramos con mucho cuidado, algo me decía que podríamos tener dificultades, pero no fue así, logramos atravesar fácilmente las ruinas, no se veía ni una sola alma en ningún lugar, me sentía más solo que cerca de aquel río. La niña apresuró el paso. <<Estamos cerca, vamos>> gritó. No tardamos demasiado en llegar a la entrada a la que el elfo se refirió, era una entrada grande, evidentemente la entrada era del bosque al pueblo, nos detuvimos a fuera, pero no lográbamos ver a esa criatura que nos había dicho.
De pronto entre los árboles salió algo extraño, la niña saltó detrás de mí, también yo me espanté, solo vimos el movimiento, yo temía que fueran los gnomos asustados por nuestra visita, pero no era el caso, en efecto era la driada.
-Radolf, ¿hace cuanto has llegado? – Dijo la Driada –Me he quedado dormida.
-¿Eres tú quien me esperaba? – No lograba ver quién me hablaba, era extraño solo escuchar la voz, y en algún momento algún movimiento, pero no sabía de dónde provenía.
-Así es, Berkai los espera esta noche, deben darse prisa.
-Pero ¿dónde estás? ¿Quién eres? ¿Porqué no puedo verte? – grité a la nada.
-Lo siento mucho, soy una maleducada. – Salió de pronto de entre los árboles.
-Pero si es un árbol – Dijo sorprendida la niña, así era, un árbol con movimientos, y capaz de hablar, qué extraño ser.
-Así es, soy un lindo arbolito – Respondió simpática. –Esto me ayuda a estar a salvo de los cazadores.
-Y ¿Cómo es que nos llevarás hasta Berkai? – repuse intrigado – Nosotros sí somos visibles.
-Ay no te preocupes, las criaturas del bosque me conocen bien, no les harán daño.
Quisimos confiar en ella, aunque no fue lo más sano, en el camino muchos seres extraños nos seguían, ella aseguraba que era solo curiosidad por saber quiénes éramos, pero yo sentía coraje de algunos de ellos. Me mantuve tranquilo, avancé al ritmo de la driada, no nos separamos ni un instante. Ella avanzaba muy alegre, incluso iba tarareando una canción, parecía que el miedo no era algo que le preocupara. De pronto se detuvo. <<Escóndanse detrás de mí, y no digan nada>> dijo muy seria.
-¿Quiénes son ellos? - dijo una voz fuerte.
-¿Ellos? ¿Quiénes?
-A los que escondes detrás de ti – respondió con coraje, hazlos que salgan, no pueden estar aquí, lo sabes bien.
-Ay pero ¿cómo han llegado aquí?, es curioso – repuso la driada nerviosa, muchos faunos comenzaron a rodearnos, parecían molestos. –No es lo que tú crees, es solo que…
-Lárgate, tú los has traído hasta aquí, estás expulsada del bosque.
-Pero tienen que llegar al lago, es urgente – se excusó, - por favor, no les hagan daño.
-Entrégalos y vete, no eres más bienvenida. –Dijo esa voz – La driada bajó sus ramas y se volvió hacia nosotros, nos pidió que no nos preocupáramos, que ella daría su vida si era necesario. –¿Qué les hablas?.
-Les doy indicaciones para llegar a Berkai. – repuso molesta.
-¿Berkai? – La voz parecía sorprendida. – ¿Son ellos?, pero ¿Porqué vienen contigo?, ¿Y los enanos?
-No lo sé, el elfo no me explicó.
-Les ruego me disculpen – Se presentó de entre los árboles, era un fauno gigantesco, mucho más grande que el resto. –Les pido que sigan su camino, me siento muy apenado.
¿Qué era lo que pasaba en ese lugar? ¿Por qué nos esperaban?, no lo sé. Todos los faunos comenzaron a desaparecer, excepto el más grande. <<Ahora yo los guiaré, gracias por todo>> le dijo a la dirada, ella sonrió y emprendió su partida.
-No tardaremos en llegar a Berkai, se los prometo – Dijo el fauno, nos tomó en sus enormes brazos y avanzó rápidamente.

viernes, 1 de junio de 2012

El secreto de Berkai (Parte 4)


Caminamos por varias horas, el trayecto era complicado y cansado, la noche era cada vez más oscura y fría. Observé en repetidas ocasiones que la pequeña no podía seguir <<Estoy bien, sigamos adelante>>. Me repetía en cada momento en que yo proponía tomar un descanso, era evidente que el cansancio le estaba siendo insoportable. Sus pequeñas piernas caminaban de una manera muy pesada, tropezaba a cada rato, e incluso la podía ver suspirar y cerrar sus ojos. Era más que necesario tomar un receso, también yo estaba agotado, así que sin más me detuve cerca de un pequeño río <<Tenemos que descansar, yo no puedo dar un paso más>> Estaba seguro que si no utilizaba este método ella seguiría avanzando aún contra su voluntad.
-Aún nos falta mucho, ¿Crees que sea lo correcto? - Pregunto la pequeña.
-Por supuesto, - Afirmé - recuerda que lo importante no es llegar rápido, sino llegar con bien. De nada nos serviría llegar cansados al unicornio, no entenderíamos nada de lo que diga. Además yo ya estoy grande, y necesito descansar, espero no te sea un problema.
La pequeña negó con su cabeza, lanzó un suspiro hondo y se sentó a unos metros de mí, yo creí que en su situación el sueño la vencería en seguida, pero no fue así, se recargó sobre una piedra y fijó su mirada en el cielo sin decir nada. El frío era bastante fuerte, al menos para mí, así que me decidí por encender una fogata. Sin alejarme demasiado de ella, fui a buscar troncos secos para poder prenderla, cuando regresé, ella seguía exactamente en la misma posición, creí que el sueño le había ganado aún con los ojos abiertos.
-Hay muchas cosas que no entiendo. - Me dijo volteando su mirada hacia a mí – Todo es muy extraño ¿No lo crees?.
-De pendende a lo que te refieras – comenté mientas continuaba con la labor de la fogata.
-¿Porqué no me hablas de ti? No te conozco nada de nada. - añadió ella – Dime ¿Porqué te dicen “Viejo sabio” si eres tan joven? ¿Porqué te dicen “sabio”? ¿Porqué vives tan alejado de la aldea? ¿Porqué estás solo?.
-Vaya, creo que sí tienes varias dudas, pero no creí que todas fueran acerca de mí – repuse mientras me sentaba cerca de ella. Sus preguntas me parecieron extrañas para una niña de su edad, y además alguna de esas me había llegado al fondo de mí. -Creo que no querras saber todo eso, es mejor que descansemos para mañana continuar el viaje ¿Te parece? - Ella negó con la cabeza, y me pidió que le contara lo que me pedía, así que tuve que armarme de valor y responder con sinceridad a sus preguntas. Nada de eso lo había compartido antes a nadie, sería la primera, y si íba a compartir todo ese tiempo con ella, sería bueno poder contarle todo.
-Pues bien, te contaré entonces – Ella me miró con antención y recargó su cara sobre sus manos. -Hace muchos años conocí a un hombre, eramos grandes amigos, se podría decir que los mejores. Compartíamos casi la mayor parte del tiempo juntos, como es natural, ambos teníamos pareja, pero no permitíamos que esto interfiriera en nuestra amistad. Tú sabes que es complicado seprar ambas cosas, o bueno, tal vez más adelante lo sepas. En fin, nunca tuvimos problemas en ese aspecto afortunadamente. Dentro de la aldea habían hecho una hermosa figura a manera de altar, costó mucho sacrificio realizarlo, fueron muchos días de trabajo. Era una figura realmente extraordinaria hecha completamente de madera, no había un aldeano que no la admirara y respetara. Pero un día, los faunos entraron a la aldea. Comenzaron a romper todo, y a destrozar todo lo que estaba a su paso. Se dirigieron hasta la escultura hecha en madera, los aldeanos preocupados los corrieron de la aldea con antorchas y cuchillos filosos, de momento se fueron, pero un día al amanecer la figura había desaparecido, solo restaban pedazos de ella tirados por el suelo. Mi compañero que había puesto especial empeño en ella, se enfureció y comenzó a mover a las personas para atrapar a los faunos, como es de comprender muchos los apoyaron y seleccionaron a los hombres más fuertes, yo no quise participar, algo dentro de mí me lo pedía. Él no entendió mis pretextos, porque eso eran, pero los respetó y salió con sus hombres.

>>En la aldea todos me miraban como “el traidor”, otros como “el cobarde” excepto mi novia, Cori, ella permanecía conmigo todo el tiempo, en ocasiones también la novia de mi amigo me visitaba, y para decir verdad eran momentos muy agradables, aún así no había día en que no hablaramos de lo sucedido. Los guerreros tardaron tres semanas aproximadamente en volver, al llegar, mi amigo no tardó en buscarme, y contarme lo sucedido. A mí me pareció una historia fantástica, no podía creer eso del uniciornio y otras cosas de las que me hablaba, aún así me puse a investigar. Él volvió solo al bosque de cristal, en esa ocasión me pidió que lo acompañara, pero jamás pudimos llegar, él siguió el camino que había cruzado con sus hombres, pero jamás llegamos. Fue muy extraño, así que le propuse que avanzara solo, y lo esperé en ese lugar. Después de dos días él regresó con un aspecto impresionante. Me habló de las cosas maravillosas que había visto, pero yo no le podía creer, me aseguró haber encontrado a Berkai y además haber encontrado el oro mágico, me explicó completamente lo que era, y que solo él tenía acceso. Como puedes imaginar, no le creí, así que me decidí por solo escucharlo, él notó en mí mis gestos de incredulidad así que se decidió en mostrarme su “secreto” el oro mágico que había logrado obtener. <<Toma, esto es para ti, tú sabrás qué hacer con él>> me dijo, pero yo no pude ver nada, aseguraba haberlo puesto en mis manos, yo creí que estaba enloqueciendo y decidí seguirle la corriente.

>>Al volver a la aldea todo fue diferente, no sé si fue a base de “eso” que puso en mis manos, pero al pasar por entre la gente sentía sus dolores y sus preocupaciones, en seguida se lo dije a él y me aseguró que yo era el único que podría soportarlo. Aunque creo que se equivocó, fueron situaciones muy difíciles, no podía salir a caminar sin sentir el dolor de las personas, en ocasiones también percibía su alegría, pero la tristeza de otros la absorbía. No podía estar tampoco con Coti, comencé a darme cuenta de cosas que yo no creía. Yo sabía que la amaba, y que quería compartir el resto de mi vida con ella, pero no fue así – tomé un suspiro fuerte, los recuerdos llegaban a mí como si estuviera volviendo a vivirlos. - Las cosas no siguieron del todo bien, no podía evitar sentir lo que ella sentía, si ella decía “Sí”, pero su corazón decía “No” yo lo sabía. Nadie en la aldea sabía lo que yo estaba pasando, ni siquiera ella, y cuando lo supo pude sentir su angustia y desesperación. Ella me aseguró que todo estaba bien, pero yo sabía que no, y se lo hice saber. No sabía yo manejar ese don que el “oro mágico” me había otorgado, así que decidimos alejarnos, sentí el dolor que le causé, y este se juntó a mi propio dolor. No podía seguir entre la gente, tuve que salir de ahí, tuve que irme lejos, lejos incluso de mí. - La niña me miraba asombrada, no decía nada, solo me miraba. - Después todos supieron del “don” y comenzaron a llamarme sabio, erróneamente creo yo, más bien sería “el viejo empático”. O como tu abuelo ha dicho “el joven empático”.
-¿Hace cuanto pasó todo eso? - Preguntó interesada - ¿Porqué aún eres tan joven? ¿Porqué mi abuelo sí ha envejecido?
Me sorprendí con esas palabras, ¿Cómo sabía ella que el de la historia era su abuelo?, tal vez no era momento de preguntar, y me limité a responder su pregunta.
-No lo sé, conservo la misma edad desde el día en que volvimos a la aldea – le expliqué.

sábado, 26 de mayo de 2012

El secreto de Berkai (Parte 3)



Salimos por el lado contrario de la aldea, ya comenzaba a oscurecer. El camino hasta ahí había sido tranquilo, la niña empezó a moverse extrañamente, buscando en todos lados, se le podía ver realmente preocupada, yo no sabía qué era lo que buscaba. <<Están aquí>> gritó la niña, le pregunté a quienes se refería, pero su angustia era mayor, no prestaba atención a lo que le decía. <<Lo sé, están aquí. Son ellos, nos encontraron>>. Comencé a mirar para todos lados, pero no lograba ver a nadie. Ella recargó su espalda en mí, y comenzó a respirar agitadamente. <<Él no sabe nada, ni yo. Por favor no nos hagan daño>> comenzó a decir la niña con desesperación. En ese momento pensé en que tal vez serían los hombres que lastimaron a su abuelo.
-¿Son ellos? – Pregunté. – ¿Son las personas que lastimaron a tu abuelo?
-Están aquí, nos han estado siguiendo. – Dijo preocupada.
-Pero yo no logro ver nada, dime ¿dónde los ves?
-No los veo, -Respondió - pero esta sensación es la misma que tuve cuando atacaron mi casa, estoy segura que están aquí.
-Tal vez estás agotada por el camino, ¿Qué te parece si descansamos un poco? – Propuse.
-No, están ahí, -Dijo señalando con decisión - detrás de esas rocas.

Me acerqué a las rocas, eran bastante grandes, casi impensable que alguien con el tamaño de esos hombrecillos pudiera atravesarla, la niña se quedó parada en el mismo lugar donde la dejé, y comencé a buscar alguna manera de mirar a través de las rocas, yo estaba seguro de que todo era producto de su imaginación, así que pretendía demostrar que detrás no había nada. Al fin logre subir un poco y tener visión hacia el otro lado. Se percibían pequeñas luces, como fogatas o algo por el estilo, pero no veía a nadie. Subí un poco más las rocas para tener mejor vista, pero cuando estuve a punto de mirar la niña comenzó a gritar. Preocupado bajé de prisa las rocas, al acercarme habían tres hombrecillos rodeando a la niña, no supe qué hacer, solo me quedé mirando y pensando cómo sacarla de eso. En eso uno de ellos se volvió hacia mí.
-Señor Radolf, ¡Qué sorpresa! – Dijo realmente asombrado. Los otros tres voltearon en seguida a mirarme. – ¿Dígame, para qué ha venido hasta aquí?
Pensé rápidamente en qué responder, -He venido a buscarlos ¿Quién es esa niña? – Pregunté fingiendo no conocerla, temía que todo fuera un plan de ellos, y que en realidad sí nos habían estado siguiendo, pero decidí arriesgar y continuar con la farsa.
-¿Qué le parece? – contestó uno de ellos. –La hemos encontrado espiando nuestras casas.
-¿Sus casas? – Pregunté intrigado – ¿Ustedes no vivían a las orillas del volcán?
-Sí así es – respondió el mismo – Pero ahora el volcán está portándose bastante mal, y en cualquier momento pude acabar con todo lo que está a su alrededor, así que decidimos mudarnos a este lugar.
-Pero es muy cerca de la aldea, saben que esto puede ocasionarles problemas.
-Y ¿qué más da? – Dijeron los tres – Nadie sabe que estamos aquí.
-¿Qué piensan hacer con la niña?
-La llevaremos con los nuestros, tal vez usted no sepa, pero ella puede ser de gran ayuda en nuestra misión. – añadió el más pequeño.
-¿Para localizar el mapa?
-Sí, así es – comentó el hombrecillo – Nuestro señor estará muy contento de esto.
-Creo que no será necesaria esta niña, déjenla ir, tengo buenas noticias para ustedes – Les mentí esperando que me creyeran. – En dos días el volcán hará erupción, y causará grandes daños. Y con todo eso incluso el manticora, que es guardián de las cavernas cercanas al volcán abandonará su sitio, ese es el único lugar que tiene acceso sin problemas al oro. Deben esperar a que el guardián salga, y entrar apresuradamente antes de que la lava cubra la caverna. Al llegar al oro, no tendrán más dificultades, ya que él los proveerá de lo que necesiten, incluso para encontrar la salida.
-Pero es muy arriesgado – Dijo uno de ellos preocupado. – Creo que lo mejor es conseguir el mapa, y así no correremos riesgos.
-Del mapa no he logrado conseguir nada – argumenté – es probable que haya sido destruido, así que no tienen más remedio si lo que quieren es conseguir el oro mágico.

Después de dudar por varios minutos los hombrecillos aceptaron mis explicaciones, les pedí que fueran a dar aviso a sus compañeros, ya que era una labor complicada y requería de apoyo. Les aseguré que yo acompañaría a la niña y que me aseguraría de que no les ocasionara problemas. Los tres corrieron con los suyos, la niña me miró fijamente sin decir palabras, se le veía un cierto grado de desconfianza. Le expliqué porqué había dicho todo eso, después de algún rato de silencio me abrazó y soltó a llorar, <<Muchas gracias, creí que me habías engañado>>. La niña me soltó y me pidió continuar.
De pronto una voz extraña nos detuvo a pocos metros de ahí. -He visto lo que has hecho, eres muy sagaz en tus historias Radolf. – Dijo con voz delicada. Volteamos a ver quién era, y se trataba  de un elfo, un elfo de cabellos grises, tenía sus ojos cerrados, y era bastante bello. Se encontraba sentado sobre un pequeño tronco. No me explicaba cómo sabía mi nombre. También me sorprendía el que hubiera aparecido, los elfos son seres muy inteligentes, y es muy complicado verlos.
-¿Quién eres? – Pregunté interesado.
-Soy un elfo, - respondió, mientras se ponía de pié y abría sus ojos. Unos ojos hermosos, profundos y místicos.  – y  estoy aquí para ayudarte. Sé lo que te propones, pero no es nada fácil, el bosque de cristal es un lugar peligroso para los intrusos, no te será sencillo entrar en él, así que he venido a guiarte un poco. Deberás seguir el mismo camino que llevan, pero al llegar a las antiguas ruinas, asegúrate de no alejarte demasiado, si te es posible avanza por dentro de ellas. Al final de estas está una pequeña entrada que da directo al bosque, ahí te estará esperando una driada, ella te llevará hasta el lago.
-Y ¿cómo la reconoceré? – Repliqué intrigado – Es muy difícil verlas en el bosque.
-Al llegar a la entrada, mantengan un paso detrás de la entrada, ahí ella les hará alguna seña. Con ella no correrán riesgos, pero apresúrense.

¿Apresurarnos? No entendía por qué nos decía esto, por qué nos seguía, o por qué querría ayudarnos. Todo me empezaba a parecer muy confuso, empecé a sentir miedo. Creí que todo era ya un plan, y que incluso la pequeña niña estaba metida en todo, pero aún así seguí adelante. No podía dejar que el miedo me venciera, era una nueva aventura y como tal debía darle frente.

viernes, 18 de mayo de 2012

El secreto de Berkai (Parte 2)


Era cierto, se trataba de Berkai, el unicornio. Hacían ya varios años que no escuchaba hablar de él. Era una creatura extraña, pocas veces había sido vista, y se decía que solo aparecía para dar mensajes de suma importancia, de los que dependía el destino de ciudades o incluso el mundo. Yo nunca lo había visto, pero una persona cercana a mí sí lo hizo, me aseguro que por detrás de las colinas del oeste, durante la guerra contra los faunos del bosque de cristal, se había encontrado con una creatura muy bella, que no era algo ordinario. Él merodeaba por el bosque cuando en una laguna percibió una luz bastante bella, se acercó con cuidado esperando que no fuera una trampa de los faunos. Al acercarse un poco percibió a un ser extraño, tenía un cuerpo parecido al de un caballo, pero un poco más grande. Era de color blanco y daba una luz maravillosa con el toque de la luna sobre su cuerpo, su cola era muy parecida a la de un jabalí, y tenía sus patas con pelo, casi podría decirse que como de un chivo. A pesar de todo eso era sumamente bello y elegante, el viajante se quedó mirándolo por unos instantes, hasta que la creatura se volvió hacia él. Tenía un cuerno en la frente, justo en medio, y sus ojos eran azules, intensamente azules. Al quedar frente a él lo miró <<guerrero, es momento de terminar el combate. Los faunos no son sus enemigos, detén a tu gente, y regresen a sus casas>>. El viajero quedó asombrado, quiso hablar con él pero la creatura se negó, aseguraba que su única misión era detener esa guerra absurda que solo acabaría con muchas especies mágicas. El viajero quiso preguntar de él.
-Soy un unicornio, guardián de la paz – dijo la creatura.
-Pero los faunos nos han arruinado la aldea, no podemos permitir que sigan causando daños.
-Los faunos hacen lo que creen que es correcto, a los faunos no les agrada la violencia hacia los árboles, y tu gente se ha dedicado a lastimarlos.
-Pero solo hacemos lo necesario con la madera de los árboles y los faunos nos atacan sin razones – respondió el viajante.
-Veo que no entiendes lo que te quiero decir. – dijo el unicornio – Los faunos solo quieren que dejen de utilizar tantos árboles, no quieren que destruyan el bosque, ellos jamás lastimarán a un humano, ni a ninguna otra creatura, entiéndelo.
-¿Y qué debemos hacer entonces? - comentó el viajante asombrado.
-Llevate a tu gente en vuelta, si lo haces te recompensaré, es una promesa.
-¿De qué manera? - añadió interesado el viajero.
-No te lo diré, debo ver que hayas actuado correctamente. - El unicornio comenzó su partida. -Haz lo que te pido, y la próxima vez que nos veamos serás recompenzado.
-¿Cuál es tu nombre? - Gritó el viajero desconfiado.
-Berkai, Berkai el unicornio – respondió. En ese momento el unicornio corrió a una velocidad impresionante, a una velocidad nunca vista.

El viajero hizo retroceder a su gente, volvieron a la aldea y él corrió a mí, me platicó todo lo sucedido en el bosque. Me habló del unicornio. Quedé muy sorprendido por todo eso, él era una persona dura, de carácter decidido, y me parecía muy extraño que hubiera cedido. Comencé mis estudios sobre “Berkai” pero no lograba obtener mucho. Sin embargo algún tiempo adelante volvió el rumor, y volvió además con algo nuevo, se trataba del oro mágico. Yo creí que todo era idea de la gente, y que en realidad no existía. Pero ahora todo era tan diferente, esos hombrecitos buscando el oro, y ahora esta niña buscando a Berkai. ¿Sería cierto? Y aunque lo fuera ¿Cómo encontraríamos a Berkai? Yo jamás lo vi, y en los estudios que realicé, nunca pude encontrar nada que me diera con él. Era una situación complicada, no podía negar mi ayuda a esa niña, así que le pedí que me llevara con su abuelo.
Al salir de casa me cubrí con varias mantas para no ser reconocido, regularmente al verme la gente deseaba que les ayudara con sus ideas vanas, así que opté por cubrirme y acompañar a la niña. Al llegar a la aldea toda la gente saludaba a la pequeña, parecía ser bastante popular, caminamos por un largo rato hasta que por fin llegamos a una pequeña casa casi al final del pueblo, ya no había mucha gente por esos lugares. Me hizo entrar a la casa. Dentro de ella estaba un señor, no mayor de treinta y cinco años.

-Es él padre, es el viejo sabio. - Dijo la niña al señor.
-Encantado de conocerlo, pero ¿Qué están haciendo aquí? Deberían estar en busca de ese unicornio.
-No es tan fácil. - añadí -Necesito saber algunas cosas que solo el abuelo podrá decirme, y así poder buscar a Berkai.
-Pero el abuelo no está en condiciones de ser visto, no tolera la visita. Solo podemos verlo mi padre y yo – Añadió la pequeña.
-Les ruego me permitan pasar, solo, estoy seguro que no habrá dificultades – Les pedí a ambos.
-Está bien, pase, pero por favor no hable acerca de los hombrecitos, ahora está muy sensible. - Me advirtió el señor.
-No se preocupe. - Entre en la habitación, al fondo de ella había un hombre sentado, de aspecto un tanto triste, me acerqué con cuidado, y logré verlo, era exactamente lo que esperaba. Extrañamente me sentí emocionado, no por su estado, sino por ser lo que buscaba.
-¿Quién está ahí?- Dijo el anciano en un tono agresivo.
-Te ruego no te asustes, soy yo el viejo Radolf – respondí cuidadosamente.
-¿Radolf? Pero ¿Qué haces tú aquí? Hacía años no sabía de ti.
-Así es, después de tanto tiempo nos volvemos a ver. He venido porque tu nieta me lo ha pedido.
-¿Mi nieta? ¿Para qué lo ha hecho? - Me dijo asombrado.
-Fue a buscarme para encontrar a Berkai, el unicornio. Pero yo no puedo llegar a él, tú eres el único que  ha podido estar con él, y estoy seguro tú puedes decirme cómo encontrarlo.
-No exactamente, eso fue hace muchos años, antes de... - se guardó unos segundos en silencio – bueno, ya sabes. Desde entonces no lo he vuelto a ver.
-¿Entonces cómo pediste a tu nieta que lo buscara? - Pregunté intrigado.
-Es una niña, al entrar al bosque de cristal se encontraría con muchas dificultades, y el unicornio aparecería para defenderla, estoy seguro que sabrá que es mi nieta. - respondió.
-¿Y si no apareciera? Solo pondrías en peligro a la niña.
-Supongo que eso creyó mi hijo y por eso la envió contigo, es el único que conoce la historia además de ti.
-Te ruego que me digas todo lo que sabes de el unicornio.

Hablamos durante mucho tiempo, pero él evadía mis preguntas. No sé con qué razón lo hacía, por algún motivo no quería que yo llegara a Berkai. Pasaron algunas horas y él seguía dando vueltas, hasta que por fin me dijo cómo buscar.
-El unicornio es un guardián, no es nada fácil poderlo ver, y mucho menos si vas con la intención de buscarlo. Esto ya deberías saberlo, después de todo eres el viejo sabio, un viejo por el que la edad no pasa ¿No es así?- Bromeó -. Deben entrar al bosque de cristal, con mucho cuidado. Recuerden que los gnomos y los faunos custodian ese bosque. Cuando hayan avanzado algunos kilómetros encontrarán una laguna, es ese lugar en donde más brilla la Luna en todo el mundo, y es el lugar preferido de Berkai, seguro lo encontrarán ahí, tengan cuidado, si bien es cierto que es una creatura pacífica, pero al sentirse en peligro no sé cómo pueda reaccionar, todas las creaturas de ese bosque lo protegen.
-No te preocupes, llegaremos a Berkai y te prometo que recuperarás lo que te han robado. - Comenté en voz baja.
-Sé que lo harán, Berkai es el único que puede ayudarme. Cuiden que los canijos no los sigan, y cuida de mi nieta.
-Así lo haré – respondí con decisión. La pequeña y yo iniciamos el camino rumbo al bosque de cristal, su padre se quedó en cuidado del anciano. Durante el trayecto en salida a la aldea la pequeña me preguntó en repetidas ocasiones qué era lo que había platicado con su abuelo, pero no le respondí nada, solo que debíamos encontrar a Berkai, no teníamos otro sentido.